Corazon y mente

Corazón indiano
As linhas publicadas a seguir sao as primeiras impressoes da viagem a India da instrutora de yoga argentina Cecilia Lo Vecchio, que passou 20 dias aqui e voltou para casa semana passada, de onde escreveu essas belas linhas. Tive a alegria de conviver com ela e com todas as pessoas que ela menciona nesta mensagem em Rishikesh e Delhi durante boa parte desse tempo. Gracias, Cecilia.

CORAZON Y MENTE

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“Nos preparamos durante meses para ir a India… pero no nos preparamos para volver de ella.
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El yoga es una actitud de vida en India. No existen peleas ni cuestionamientos, cada uno está entregado total e incondicionalmente a su camino de vida. No hay discordia ni disonancias, no se cultiva la soberbia, sino por el contrario, la disciplina, la obediencia y de allí nacen los bellos frutos de la sincera práctica del yoga: la humildad y la sencillez.
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Cruzando el Río Ganges apenas llegados a medianoche a Rishikesh, a pie a través del puente Laxman Jhula que se mecía suavemente a nuestro paso, fue el símbolo más hermoso para mí para comprender que en este viaje estaba atravesando otras vidas dentro de mi propia vida.
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Al cerrar los ojos y escuchar el mantram del Río Ganges que Swami Chidananda Saraswati (Muniji) me enseñó, puedo evocar el movimiento lento y cadencioso de sus aguas. En sus márgenes sentí que el sonido del mantram es el lenguaje en que habla el río. Profundamente conmovida, comprendí que cada río tiene su propio mantram, que cada ser creado tiene su propio sonido, que nace en lo más profundo del Espíritu Universal. El canto amoroso e incondicional del mantram es el más poderoso remedio para purificar sus aguas, a la vez que se purifican sus propias almas y la de los visitantes y pobladores que se congregan periódicamente para participar de la ceremonia del Ganga Aarti. Allí durante varias noches, la luna y Los Himalayas fueron testigos de nuestra propia purificación e iluminación espiritual, donde nos sentimos acogidos por la Madre Ganga y su gente. ¿En que instante la vida decidió bendecirnos con tales privilegios? ¿Cuál es la medida de tiempo para indicar cuándo fue que llegamos tan lejos y tan alto?
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Será por ello que para India es tan importante el sonido, desde los bocinazos caóticos del tráfico a cualquier hora del día, hasta el eco perenne del canto del Mahamantra Hare Krishna desde el crepúsculo hasta el atardecer, impregnando todo el ambiente de devoción.
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En tránsito en el aeropuerto de Frankfurt, Alemania, esperando el vuelo que nos traería de regreso a casa, en tránsito también entre Oriente y Occidente, el contraste cultural fue recién entonces evidente para mí. Comprendí que el hombre occidental vive en su mente agobiada por las preocupaciones cotidianas, en constante estrés, en la superficialidad.
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Observé rostros duros, faltos de armonía, miradas sin sentimientos. El hombre indiano, en cambio, vive a través de su corazón. Es un ser de mirada serena, pero fuerte, que penetra intensamente hasta descubrir el alma. Cuando el lenguaje es un límite a la comunicación, aprendemos a hablar el lenguaje de las miradas y del corazón.
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Desde que arribamos a nuestra provincia sólo he querido estar en silencio, recogida en mi interior, temerosa de que con tanta bienvenida y discusiones cotidianas, pudieran robarme el tesoro que había conquistado. Con los días descubrí que con sólo cerrar los ojos y volverme hacia el templo sagrado del corazón, puedo sentir que el Ganges está bañando sus aguas en mí, que los Himalayas son mi propia expresión de la tierra enamorada del cielo, buscando la calidez del sol de media mañana.
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Y conservo la serenidad firme de Shiva surgiendo de la montaña, los ojos morenos llenos de fuerza, signo del poder del espíritu, los sarees irisantes de las mujeres recortadas en el campo, el andar distraído de los cebúes ajenos a cualquier disturbio en plena ciudad de Delhi, los banianos centenarios, los lotos, los monos, las lagartijas y las ardillas traviesas, los vertiginosos viajes en rishok, la comida con sabor a gengibre y cardamomo y aroma a canela, los deliciosos tés de los desayunos y los mantras, se perpetúan en cada célula de mi ser. Me hacen cruzar los puentes, los ríos, las montañas de mi propia travesía hacia el interior de mi existencia, al altar sagrado de mi corazón, para así salir en auténtica paz hacia el exterior.
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No se puede buscar y encontrar en India, lo que no está adentro en el alma. Pues si no es así sólo veremos la suciedad, el desorden, el caos. Viajar a la India es, ante todo, un viaje del espíritu para reencontrase con su destino más elevado. Una y otra vez vuelve a mí la flor de loto, creciendo con su pureza a través del fango buscando la luz, la imagen más acabada de la espiritualidad de India.
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Gracias a mi madre y maestra Yogacharini Catalina Aidar porque me ha enseñado desde pequeña a vivir en yoga y por compartir conmigo toda su sabiduría intuitiva. Gracias a mi padre Domingo, porque sin su apoyo permanente y su esfuerzo y trabajo de muchos años, este viaje para mí no hubiera sido posible.
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Estas han sido mis experiencias espirituales más intensas del viaje a India, y aunque pueden alejarse de los formalismos institucionales, son genuinas y sólo podrá comprender desde el corazón aquel que tenga una real conexión con esta fuente de sabiduría ancestral. ¿Quién puede juzgar un sentimiento?
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Desde aquí quiero desearle a Swami Maitreyananda Saraswati un feliz cumpleaños y agradecerle por sus oportunos consejos y su alegre compañía. A Swamini Yogananda Saraswati por su dulzura; a Swami Narayananda Ayurved Saraswati por su guía especial a la delegación argentina y uruguaya.
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A Swami Chidananda Saraswati Muniji porque como todo gran maestro iluminó personalmente mi vida con su humilde presencia. A todos sus colaboradores y a Parmarth Niketam P.O. Swargaashram en Rishikesh (Himalayas) donde pudimos sentir la fuerza del trabajo diario dedicado a la espiritualidad y al servicio a la Humanidad a través del karma yoga. A Edgar, porque modificó el normal curso de sus clases para que pudiéramos disfrutar de una dinámica particular de clases de yoga. A Mataji que con su dulzura maternal transformada en canto del alma confortó mi corazón cuando mi espíritu se llenó de lágrimas una tarde de tormenta. A los pequeños de la escuela de gurukula que nos llenaron de alegría… y admiración.
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A Yogashiromani Dr Gopalji y a su esposa por su generosa hospitalidad al abrirnos las puertas de su propio hogar. A la Yoga Confederation of India, organizaciones asociadas, colaboradores en la Internacional Conference on Yoga for Peace y al Gobierno de India por su protección.
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Al Sri Aurobindo Ashram en Delhi y a todos sus colaboradores por acogernos durante tantos días.
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Y para todas aquellas personas que no he nombrado, pero que están igualmente en mi corazón, e hicieron posible que este viaje fuese de verdadero recogimiento espiritual.
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A todos mis compañeros de viaje: Catalina, Gucha, Ana, Marisa, Hilda, Alejandra y a Swami Shivananda. A Luiz Fernando por ser nuestro traductor, guía y protector en los momentos de confusión.
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Inst. Cecilia Lo Vecchio“.

Escrito por

Jornalista autor do Dharmalog e terapeuta na Hridaya Terapia, em São Paulo.

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